"Una amiga me invitó porque faltaban voluntarias. Yo estaba pasando un momento difícil", - cuenta Estela Barrenechea de Ruiz mientras cose un juguete de de tela-. Estoy fascinada. La semana pasada hicimos una entrega en el Centro de Estimulación del Hospital de Niños llevando material. Al hacerlo vos no no tomás conciencia de lo necesario que es para los chicos y para las mamás, hasta que los ves a ellos jugando. Hacemos material didáctico para distintas edades y según las necesidades de los chiquitos".
Marcela Martínez Zavalía es mamá y voluntaria. "Yo vengo porque tengo un hijo de 14 años que tiene problemas y la verdad que él está muy bien. A través de él me conecto con mucha gente y me ha surgido la necesidad de ayudar un poco. Converso con las otras mamás viendo las otras patologías, a ver qué se puede hacer. Además hacemos material didáctico para el hospital", comenta. "Mi hijo vaa los caballitos y mi hija mayor, Florencia, viene como voluntaria. Me dedico de lleno a atender a mis hijos y sobre todo a él, a llevarlo a la rehabilitaciones, que son muchas", cuenta María Frontini. "A mí esta tarea me está dando mucho porque desde que ha nacido mi hijo, hace cinco años, este es un mundo nuevo. Antes yo veía las personas con discapacidad y por ahí me conmiseraba, pero cuando te toca directamente, ellos te enseñan. Sobre todo a valorar muchas cosas a las que antes no les daba importancia, y también me ha dado mucho amor. Entonces, en el poco tiempo libre que tengo me gusta venir y colaborar haciendo los materiales didácticos, a estar en contacto con chicos especiales y sobre todo con las madres, para volcar mi experiencia e intercambiarla con ellas y en lo que puedo, orientarlas".
A su lado, Florencia, con una plantilla de plástico "traduce" con lápiz un libro de cuentos infantiles a idioma Braille, y comenta: "vine porque tengo un hermanito con discapacidad, me enganché en 2008. Estudio educación especial. El trabajo en la Fundación me ayudó mucho a decidirme, a darme cuenta de que esta es mi vocación".